Macarrones caseros 🍝
Cuenta la leyenda que a mi suegro - en paz descanse - no le gustaban los macarrones con tomate al uso tradicional y como no era hombre de impedir que nadie comiese lo que a él no le gustaba pensó que tirarle allioli al asunto resultaría más que agradable.
De aquellos barros éstos lodos porque estoy haciendo ahora mismo el sofrito - aceite de oliva, cebolla de Figueres bien cortadita, tomate natural triturado, sal y txup-txup a fuego lento- y la olla grande calentando el agua con 3 hojas de laurel y sal para hervir los macarrones (Plumas del 3 de Gallo, no me jodas con pasta prohibitiva de esa de importación italiana, que no hacen falta tantas alforjas para éste viaje), luego le tiraremos atún, lo juntaremos todo y mi suegra se pondrá en un rato a realizar el noble arte del allioli, en cuanto acabe el capítulo del último de Ken Follet que parece que está bien pero “- Tiene muchos nombres y me lía un poco”.
Todo esto viene a manufacturar de alguna forma el fin de la temporada de fiestas navideñas que digamos que se han pasado relativamente bien por aquí por la montaña. Dejando de lado, ojo, que ha hecho un frío que no recordaba yo desde cuando a finales del '96, en Villanubla, los militares decidieron que aquel batallón de 500 desgraciados podíamos pasar la noche sin calefacción y con el único calor humano del cigarrito de colores que nos fumamos a pachas en el lavabo con un mallorquín muy simpático, claro. Frío, decía, de "cagar pingüinos" y que viva y bravo el camión de gasolina que nos vino a recargar el depósito de la calefacción a cargo de un señor que se jubila en junio y tenía claro no, lo siguiente, que podían irse sus jefes a tomar cierto viento por la parte sus partes del sur porque él ya estaba hasta, y cito, “-els mismisims ous, noi".
En la franja entre el 22 de diciembre y éste 9 de enero en el que escribo éstas líneas ha dado tiempo a: que 98 canelones se cuelen en los estómagos de la familia; que el Barça de Basket demuestre que se les da bien hacer la cama a entrenadores con poca chicha (una cosa no quita la otra, Peñaroya); que los zagales de Hawkins les llegue el peor coming of age de la historia; que la Pedroche se haya pasado al patchwork; que no entienda el éxito de Bajo los árboles: donde nadie te ve y por ende esté de acuerdo con Pablo Rios sobre la pochez de tebeo; que Ter Stegen "se haya lesionado" otra vez; que quiera aprender francés (ver más abajo); que le deba una videollamada a un colega; que a mi hija se le haya perdido la cartera en el bus y que viajar a los EEUU sea un deporte de riesgo. Vivir allí, por lo que parece, también.
Llegados a éste punto ya no hay marcha atrás. Se nos ha pasado el periodo de prueba de siete días de 2026 y ahora nos lo tenemos que comer entero.
Recomiendo aplicarle allioli.
VIDEOJUEGOS (Y MÚSICA) 🎮 👩🏻🎨🎨
Para los que vengan después
¿Puede un videojuego hacer que quieras aprender francés?
Se conoce que sí y si no que se lo pregunten a Clair Obscur: Expedition 33 que está realizado por un pequeño estudio fundado por un programador francés que en su día dijo que mire usted, Ubisoft - empresa tochísima y con montones de mierda a sus espaldas - se queda usted con lo suyo y sus maneras de trabajar que nous nos vamos a montar un estudio propio, sin casino ni furcias.
La historia se situa en Lumiere, ciudad típicamente francesa con una estética siglo 19 a medio camino con lo Steampunk tó guapa. Con sus boulangeries y sus vinoteques y todo.
La aparición de un monolito gigante enfrente de sus costas junto con un número gigante pintado -brillante, dorado, luminoso, amenzanante - causó sensación. Y es que cada año una figura gigante que asciende de los pies del monolito y pinta un número descendente causando que toda la gente que tenga esa edad se desvanezca. La Pintora, la llaman.
Para intentar evitar que llegue a hacer desaparecer a toda la población -67 años llevan ya con el tema- , se crean expediciones de voluntarios que cada año parten rumbo al monolito con la misión de vencer a semejante criatura y evitar así su aparente destino. Y tú vas a dirigir la de éste año.
Cálzate.

Dolor y flores / Lo que vas a encontrar en Clair Obscur: Expedition 33. Prepárate a morir.
En honor a la verdad gran parte de que el juego toque el corazoncito y se haya llevado todos los premios de la vida la tiene Jennifer Svedberg-Yen, guionista principal y que es una señora que entró a trabajar en el estudio para el tema de doblaje y pronto se vio que donde podía aportar tocho era en la historia. Y vive dios que lo ha reventado fuertísimo. Una señora que es fan de The Expanse, Murderbot o BSG tiene todos los números para que me guste.
Otra parte del éxito es su banda sonora de Lorien Testard que, efectivamente, se ha tarareado en incontables ocasiones durante las fiestas. Mi mujer puede confirmarlo. Es un escándalo y no en pocas ocasiones me he quedado parado en una batalla escuchando lo que suena en lugar de jugar.
El caso es que llevo evitando entrar al final del juego dando vueltas al mapa, completando cosas, intentando mejorar armamento y maravillándome en lo audiovisual porque no quiero que se acabe… aunque por otra parte quiero saber cómo narices acaba.
It’s complicated. Perdón: C'est compliqué.
Y PARA TERMINAR…
Hoy ha vuelto The Pitt. En HBO Max o como sea que se llame ahora.
Sean Phillips está hasta las narices de responder que no sabe cuándo va a salir la serie de Criminal. En realidad aunque lo supiese no lo diría. Yo apuesto que a finales de año. Anyway, leed los tebeos mejor. En USA están saliendo en TPBs la mar de majos y aquí, bueno, aquí no está disponible ni el integral en tapa dura.
Que hasta el Papa dice que #FUCKGENERATIVEIA, por amor de Dios.
Recetas de Allioli hay muchas: La del Comidista (sin huevo) o las normales, como aquí te explicaba Arguiñano. ¿El que hace mi suegra? Ni de coña lo voy a compartir por aquí.
Hasta la próxima semana, en el mismo Bat-canal, a la misma Bat-hora.
Alberto Benavente